La gaita

La gaita o gaita de boto es un instrumento musical emparentado con el resto de las cornamusas ibéricas y del occidente europeo, que en Aragón se ha utilizado tradicionalmente en el cuadrante nororiental, en las comarcas de Ribagorza, Sobrarbe, Litera, Bajo Cinca, Somontanos, Ribera del Ebro y Monegros. La forma y características del instrumento puede variar de un lugar a otro, como corresponde a un instrumento popular muchas veces construido por el propio intérprete. Los ejemplares conservados en los Monegros, algunos con más de doscientos años de antigüedad, corresponden a un modelo único con las lógicas variantes accidentales.

El elemento más característico es el boto, un gran depósito de aire confeccionado a partir de la piel de una cabra, extraída a sobaquillo o zurrón, es decir, sacada entera por una o dos de las patas traseras y que conserva la forma del animal. Esta piel se curte, se cose y se trata para evitar las fugas de aire. Al cuello y patas delanteras de la cabra se atan los brocales o cepos, piezas de madera taladradas en las que se insertan las demás. El soplador es un pequeño tubo, de madera, hueso o metal, a través del cual se insufla el aire que llenará el boto. Una sencilla válvula de cuero en su parte final impide que el aire retroceda. El cepo que está atado en el cuello del boto presenta una doble perforación paralela, cada una de ellas para un tubo sonoro. El clarín o mediana, pequeño oboe de interior cónico y lengüeta doble (pita), con ocho agujeros que los dedos tapan y destapan para conseguir los diferentes sonidos musicales, se inserta en este doble cepo. A su lado, en paralelo, se dispone la bordoneta, compuesta de dos piezas de madera que deslizan entre sí, permitiendo afinar (templar) la nota pedal producida por una lengüeta simple o caña. En el último cepo se aloja el bordón, de forma y función similar a la bordoneta aunque de mayor tamaño. El boto se viste con unas sayas o traje con alegres estampados, volantes y cintas. Para tocar el gaitero coloca el boto bajo el brazo izquierdo y el bordón bajo el derecho, pudiendo ayudarse en su sujeción por cordones con flecos y borlas, cuerdas o correas.

Los tres tubos sonoros (clarín, bordón y bordoneta) suelen cubrirse exteriormente con piel de culebra, tradición de oscuro origen compartida con otro aerófono aragonés, el chiflo. Algunos autores la relacionan con antiguos cultos a la culebra, que perviven también en otras creencias acerca de los poderes curativos y mágicos de la serpiente. Los monegrinos se inclinan por explicaciones de tipo práctico: la piel de culebra evitaría fugas de aire en el caso, frecuente, de que la madera rajara. Otros piensan que simplemente es “de lujo, pa hacer bonito”.

Musicalmente, la gaita es un aerófono polifónico, esto es, produce tres sonidos simultáneamente. Dos de ellos son fijos (bordón y bordoneta), y suelen afinarse en la nota de reposo del clarín, con una octava de distancia entre ambos. Es el clarín, pues, quien determina la mayor parte de las características musicales. Su extensión es de una octava completa más la sensible inferior y la digitación básica es abierta. La nota fundamental varía entre Re y Si, siendo frecuente que los instrumentos antiguos reposen cerca del Do# actual. En las viejas medianas suena una escala con temperamento natural, que esencialmente difiere de la moderna escala con temperamento igual por la utilización de un tercer grado neutro, es decir, entre la tercera mayor y la tercera menor, una característica común a otros instrumentos de música popular. Al extenderse los modernos sistemas de temperamento, la ambigüedad modal del repertorio antiguo se ha resuelto en unos casos hacia las escalas diatónicas mayores y en otros hacia modos menores como el de Re o dórico. Más excepcional es la utilización del modo de Fa, con el cuarto grado aumentado, que podemos escuchar en las grabaciones realizadas por Antonio Beltrán en los años 50 al gaitero de Sariñena Vicente Capitán .

Los gaiteros monegrinos suelen tocar solos, o con algún sencillo acompañamiento de percusión (almirez, campanilla o pandereta) aunque no faltan referencias a intérpretes acompañados por tambor o formando conjunto en rondas y pasacalles con guitarras, mandurrias o violines, a pesar de que la antigua gama de las gaitas hacía difícil su convivencia con otros instrumentos.

Poco sabemos de los antiguos maestros que las construían, salvo que dominaban un oficio de gran especialización. Sus magníficos instrumentos, algunos de los cuales han llegado hasta nosotros, sirvieron de modelo para que hábiles carpinteros, pastores e incluso los propios músicos los copiaran. En la actualidad los artesanos han modificado algunas de las características musicales de las gaitas para facilitar su incorporación en conjuntos instrumentales más variados.

En los Monegros los gaiteros han desarrollado una técnica instrumental muy sobria, con pocos adornos, los justos para que, en un instrumento en el que no es posible interrumpir el sonido, se puedan repetir notas, acentuar y articular la línea melódica. La claridad en la dicción y la inteligibilidad de la melodía en un instrumento que suele tocar en solitario y sobre el que recae la responsabilidad del acompañamiento de un dance o un romance es fundamental. Las tonadas de gaita monegrinas no requieren un alto grado de virtuosismo, pero sí la utilización de rufaus, pequeños mordentes con la nota inferior para marcar la repetición de notas de igual altura, y de mordentes ascendentes, semitrinos y grupetos de adorno de dos y tres notas, en ocasiones llamados repicaus o floreos.