La ronda

La tradición de rondar está todavía en muchas localidades asociada al momento del quinteo, como en La Almolda donde quintos y quintas recorren las calles entonando jotas al compás de panderas esmeradamente decoradas con cintas. Antiguamente sólo los quintos, con guitarras, bandurrias, panderas, almirez, ganchos (triángulo) y botella de anís se encargaban de las rondas nocturnas durante todo el año, hasta la entrada de la siguiente quinta.

Luego no podrás entrar
por la calle del Barrié;
a esta marcha, si no paras,
pol barranco entrarás. (La Almolda)

También en Castejón, donde a la tradicional pandera con parche de piel de perro se unían la mandurria y la guitarra, los quintos salían a recorrer calles y plazas.

En las rondas de mozos se amplían los instrumentos a los disponibles: guitarra, mandurria, laúd, guitarro, violín, hierros (triángulo) y pandera. En ocasiones se contratan los servicios de cantadores profesionales que destacan por su facilidad para improvisar coplas alusivas a la moza a rondar. Algunos de ellos son muy recordados, como el cantador de Santa Lecina o el de Ballobar. Otros continúan en ejercicio, como Paco Lasierra, El Chato de Pallaruelo.

Todavía queda recuerdo en Villanueva de las rondas con gaita, aunque eran los viejos (casados) quienes rondaban con el gaitero de La Almolda improvisando coplas. Los jóvenes preferían los instrumentos de cuerda para rondar a las mozas.

Tampoco faltaban las rondas en uno de los momentos mágicos del año, la noche de San Juan. Después de lavarse la cara en el río, fuente o balsa antes de salir el sol, salían las mozas con coberteras entonando las clásicas Sanjuanadas, con coplas como esta:

San Juan y la Madalena
fueron a coger melones
y en medio del melonar
San Juan perdió los calzones.