En los Monegros el gaitero es un personaje especial, rodeado casi siempre de un aura de misterio y depositario de una serie de secretos transmitidos oralmente en el seno de la propia familia. Los propios gaiteros se encargaban de alimentar esa imagen misteriosa y distante, con el fin de evitar la competencia en una actividad que si bien no les permitía dedicarse a ella en exclusiva, era un complemento económico indispensable en épocas de escasez. La dificultad para conseguir la gaita, heredada, comprada o construida con las propias manos, y la complejidad de su funcionamiento y puesta a punto (la construcción de las pitas y cañas, la impermeabilización del boto, la afinación) acentuaban el carácter mágico y reverencial del instrumento.
Muchos son los viejos gaiteros de los que guardan recuerdo las gentes de los Monegros, algunos con rasgos muy precisos y otros con perfiles desdibujados por el tiempo que hacen difícil deslindar la leyenda de la realidad. Todos ellos tocaron en un periodo que abarca desde el siglo XIX hasta mediados del XX, aunque representan una tradición más longeva, pues algunos cuentan con constatados antecedentes familiares que abarcan por lo menos tres generaciones. La familia de gaiteros Becana de Robres constituye un ejemplo de esta situación: el padre, Mariano Becana, falleció en 1805 y sus hijos Domingo y Francisco, continuadores de la saga familiar, tocaron en Robres, Almudévar y Tardienta entre otras localidades. La tradición se interrumpió por no contar con descendientes varones y las gaitas quedaron arrinconadas en una bodega hasta su redescubrimiento en fecha reciente.
De entre las localidades comarcanas, Sariñena ha destacado desde antiguo por contar con una larga nómina de célebres gaiteros. Sixto Lana Muro, El Rey (1856-1936), natural de Capdesaso pero avecindado en Sariñena, es recordado por quienes lo oyeron por su maestría y elegancia al tocar. El siñó Sixto enseñó a varios gaiteros, entre otros a Vicente Capitán, a quien cedió la gaita al retirarse. Acudía a tocar a bodas, bautizos y fiestas en numerosos lugares: Castejón de Monegros, Sariñena, Huesca, donde acompañaba a la comparsa de gigantes y cabezudos, o Zaragoza, en cuya catedral de La Seo tocaba “para misa”.
Tomás Tella Castán, El Malo, (+1934 a los 65 años), también pastor y de Sariñena, pertenecía a la familia de Casa el Gaitero y parece ser que construyó su propia gaita. A pesar de su apodo familiar los que le oyeron tocar le reconocen como un gran instrumentista, el mejor de su época. Tocó en Sariñena, Pallaruelo, Sena, Castejón, Tardienta, Huesca, Zaragoza o pueblos de Lérida como Almacellas. Su hijo Teodoro heredó gaita y conocimientos, aunque únicamente tocó en Sariñena.
Vicente Capitán Inglán (+1967 a los 68 años), conocido como Pierretes, era pregonero y cestero en Sariñena. Fue el último gaitero en activo en los años 60, por lo que acompañó muchos de los dances de los Monegros (La Almolda, Sariñena, Sena, Castejón, Lanaja, Pallaruelo, Tardienta, Valfarta…) y los de los barrios de Las Tenerías y del Rabal de Zaragoza. Además de dances acompañaba el canto de romances e interpretaba pasacalles, procesiones, bailes (Albalatillo, Usón) y rondas (Lastanosa). También de Sariñena y coetáneo de Capitán, se recuerda a otro gaitero, José Navarro, El Zaragozano, que interpretó en varias ocasiones el dance de Sariñena.
Juan Mir Susín (+1996), que fue rebadán del dance de Sariñena, consiguió una gaita aragonesa de El Malo y sustituyó a Capitán en el dance de La Almolda hasta el 68 y en Sariñena hasta 1975. Fue el último gaitero con gaita aragonesa en los años 70, aunque tocaba sin bordón ni bordoneta y usaba pitas gallegas compradas en comercios de Zaragoza.
La herencia y relevancia de estos míticos gaiteros sariñenenses la recogió Martín Blecua Vitales, actual gaitero de los dances de Sariñena, Castejón de Monegros y Valfarta. Comenzó a tocar en su pueblo en 1975 con gaita gallega, recuperando el uso de la aragonesa en 1980. Es una figura de gran importancia en este periodo crítico, pues aprendió su repertorio del antiguo mayoral de Sariñena, Antonio Susín, y colaboró en el mantenimiento musical de muchos dances, siendo sus conocimientos, talante y disposición fundamentales en la definitiva recuperación del instrumento. Ha creado escuela y cuenta con dos discípulos aventajados: Leandro Cucalón, a su vez descendiente de El Rey, y Javier Espada.
De La Almolda proviene una de las más recordadas sagas de gaiteros, la de Los Brujos. Cristóbal Falceto Aznar, El tío Brujo, (+1953 con 84 años), pastor y gaitero como su padre, El Brujé, su abuelo y su hermano Mariano (+1953 con 73 años). Se ha conservado en la comarca el dicho “ir de pueblo en pueblo como el gaitero de La Almolda” en recuerdo de las muchas localidades a las que acudía esta famosa familia de gaiteros. En la actualidad mantiene la tradición un bisnieto suyo, Jesús Falceto, conocido como El Gaiteré, que toca a dúo con el joven almoldano Luis Badía.
Mariano Labat Pinós, Mocé, comenzó a tocar el dance en 1969 con clarinete y, desde el año siguiente, con gaita gallega. Es un instrumentista con una relevancia especial, pues contribuyó al mantenimiento de los dances de La Almolda, Castejón y Valfarta y participó en la primera recuperación del dance de Monegrillo.
Tomás Serrate Mallén (1880-1971), Cachencho, de Castejón de Monegros heredó de su padre Gaudencio el oficio de pastor y sus conocimientos como gaitero. Ya de pequeño le llamaban “Cachencher, el gaiterer,” porque iba siempre con la gaita a todas partes. Por lo que se recuerda tocaba únicamente en Castejón. Su hijo, Simeón Serrate (n.1913) aprendió a tocar la gaita y es todavía un magnífico cantante a son de gaita, el último representante de este estilo de canto, así como un infatigable constructor de pitas y cañas para los gaiteros más jóvenes. Senén Pueyo Serrate (1890-1954), tío Senén, fue el último de los gaiteros de Castejón. Era vecino de Tomás Serrate y aprendió a tocar con la mediana cuando trabajaba de pastor con Los Brujos de La Almolda. Era muy mañoso: él mismo se hizo todas las piezas de su gaita y curtió la piel para el boto; solía preparar las pitas con que tocaban él y Vicente Capitán, gaitero de Sariñena. Tocó durante cerca de cuarenta años en Bujaraloz, Castejón, La Almolda y Sena.
Jaime Ramón Bitrián, de Sena, aprendió las mudanzas del dance de su pueblo con mosén Miguel Huguet, párroco de Sena y defensor de la pervivencia del dance. Aunque inicialmente intentó utilizar el viejo instrumento de Vicente Capitán, tocó el dance de Sena con gaita gallega. Desde 1987 sigue haciéndolo con gaita aragonesa en compañía de los hermanos Carlos y Eduardo Plana.
Hay algunos datos imprecisos sobre otros gaiteros monegrinos de los que queda escasa memoria: en Pallaruelo hubo un gaitero que, a caballo entre los siglos XIX y XX, acompañó el romance, los dances y tocaba en el interior de la iglesia para acompañar las misas “de primera”; en Monegrillo recuerdan vagamente que un gaitero de Sena tocaba el dance antes que El Brujo de La Almolda; en Peñalba acompañaba el dance a principios de este siglo un gaitero de la localidad, del que apenas queda recuerdo; y hay dudas si en Leciñena existió un instrumentista local. Elías Abadía Aso, de Tardienta, tocó, de forma autodidacta, la gaita gallega para acompañar el dance desde 1983 a 1987. En Valfarta, Agustín Ballarín y Daniel Labrador tocaron en alguna ocasión las dianas con una antigua gaita gallega en el primer tercio del siglo pasado.
Otros intérpretes de gaita de boto muy cercanos al ámbito monegrino fueron el de Sesa, Colás Puértolas, que tocaba, entre otras, en las fiestas de San Lorenzo de Huesca en los años 30; el gaitero de Tamarite, que interpretó el dance de Sena; y el de Pina de Ebro.
